Un día en la vida de un fotógrafo deportivo en un torneo
- Serghei Visnevschii

- 3 feb
- 4 Min. de lectura
El Australian Open 2026 acaba de terminar. Es mi torneo de Grand Slam favorito: cómodo, bien organizado y especialmente interesante para un fotógrafo profesional. Y precisamente a partir de su ejemplo me apeteció contar cómo es un día típico de trabajo en un torneo de este nivel.

Un día normal de un fotógrafo deportivo en un gran torneo de tenis empieza con una lucha. No con la cámara ni con la pelota, sino con el despertador. El cuerpo pide dormir desesperadamente, pero hay que levantarse temprano. El torneo no espera. Hay que prepararse, llegar al recinto, desayunar y, lo más importante, estar en las pistas al menos una hora antes de que comiencen los partidos.
Desde fuera, esa hora puede parecer una formalidad. En realidad, es el momento en el que se construye todo el día. Se revisa el programa, se marcan las pistas clave, los jugadores interesantes y los posibles cruces de horarios. En la cabeza se organiza la logística de movimientos, porque en un gran torneo no solo fotografías tenis: te desplazas constantemente. Y, por supuesto, el café. Sin él, la mañana de un fotógrafo deportivo simplemente no existe.
Después empieza lo que mejor se puede describir como una auténtica locura organizada. Los partidos suelen comenzar alrededor de las 10 de la mañana y el día puede alargarse hasta bien entrada la madrugada. Especialmente en los torneos con sesiones nocturnas, donde los encuentros se alargan con facilidad, algo muy habitual en los Grand Slams. Entras en ese ritmo y solo sales de él cuando termina el último partido del día.

Durante toda la jornada estás en movimiento constante. Dos cámaras colgadas de los hombros, objetivos adicionales, tarjetas de memoria, agua, pequeños accesorios. Corres de una pista a otra, buscas los mejores ángulos, pruebas distintas posiciones y, de vez en cuando, te permites algo más creativo si la situación y la luz lo permiten. A menudo hay que abrirse paso entre multitudes de espectadores, aunque en los grandes torneos los fotógrafos acreditados suelen ser reconocidos por su acreditación y dejan pasar, a veces incluso guiándote literalmente entre la gente.
También existen reglas no escritas. A los fotoperiodistas profesionales a menudo se les permite entrar en la pista no solo durante los cambios de lado, sino también entre puntos. Los organizadores confían porque saben que un profesional no interrumpirá el juego y entiende perfectamente los límites. Las excepciones curiosas, como el reciente incidente en el US Open donde un fotógrafo entró en la pista durante un punto, solo subrayan lo importante que es esa confianza.
Resulta poco profesional y de mal gusto molestar a los jugadores, estando a apenas un brazo de distancia durante sus calentamientos o entrenamientos, pidiéndoles selfies o autógrafos. Y hay muchos más detalles sutiles como este en la profesión.

El almuerzo en un día así es una necesidad, no un placer. El desgaste físico es enorme y, si no comes, simplemente no puedes seguir trabajando. Pero casi no hay tiempo. Un bocado rápido y de vuelta a las pistas: así es una “pausa normal” para comer. A veces, además, hay que seleccionar y enviar fotos a la agencia sobre la marcha, si la situación lo exige.
Cada torneo tiene sus propias particularidades. En algunos piensas más en la luz y los fondos; en otros, directamente en sobrevivir. En el Australian Open, por ejemplo, son imprescindibles una botella de agua y un cojín especial para sentarse, porque los bancos calentados por el sol te recuerdan rápidamente quién manda allí. La deshidratación y el sobrecalentamiento no son conceptos abstractos, sino una parte muy real del día a día.

Cuando terminan los partidos, el trabajo no acaba. Empieza el segundo turno. Te sientas frente al portátil y, entre miles y miles de fotografías, buscas las que realmente importan. Las mejores. Las más vivas. Las más precisas. Selección, recorte, ajustes técnicos, exportación y envío a la agencia. Te vas a dormir bien entrada la noche, sabiendo que en pocas horas todo volverá a empezar.
La primera semana de un gran torneo es la más dura. Muchas pistas, muchos partidos y muchos jugadores interesantes al mismo tiempo. Quieres estar en todas partes y te mueves por el recinto casi sin parar. La carga es extrema, pero en ese caos hay una energía especial. Todo ese esfuerzo realmente merece la pena.
Cuando el torneo entra en sus fases decisivas, el ambiente se vuelve más tranquilo. Hay menos partidos, más tiempo y una logística más sencilla. Y es entonces cuando, de forma inesperada, aparece la nostalgia por los primeros días: las carreras, el caos, la sensación de estar en el epicentro de un enorme organismo vivo. En su momento agotaba. Después, se recuerda con cariño.
Un día en la vida de un fotógrafo deportivo en un torneo de tenis rara vez es fácil. Pero casi siempre es auténtico. Y, probablemente, es именно это lo que una y otra vez te hace volver a las pistas.







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