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El tenis infantil en el objetivo

  • Foto del escritor: Serghei Visnevschii
    Serghei Visnevschii
  • 18 ene
  • 3 Min. de lectura

La fotografía de torneos infantiles de tenis es un territorio especial dentro de la fotografía deportiva, con reglas propias y muy poco en común con una versión simplificada del tenis amateur o profesional adulto. Aquí no hay una técnica pulida hasta el automatismo, ni cálculo frío, ni emociones artificiales y teatrales. En cambio, hay algo que hoy en día se vuelve cada vez más raro incluso en el deporte de élite: una sinceridad absoluta.


Los jóvenes jugadores compiten tal como sienten. Cada punto es un pequeño acontecimiento, cada intercambio una historia personal. La alegría por ganar y la frustración por un error aparecen de forma instantánea. Para el fotógrafo, esto implica estar siempre preparado. La emoción no tiene por qué llegar después de un juego. Puede surgir tras un solo golpe, una mirada al entrenador o una reacción ante la decisión del juez.



Por eso el tenis infantil suele llamarse una “mina de oro de emociones”. Muchos fotógrafos deportivos de primer nivel que han trabajado en torneos de Grand Slam reconocen en entrevistas que sus imágenes más vivas y humanas fueron tomadas precisamente en competiciones juveniles e infantiles. Donde los adultos ya saben controlarse, los niños todavía viven plenamente el momento.


Desde el punto de vista técnico, sin embargo, este tipo de fotografía dista mucho de ser sencilla. Los movimientos de los jóvenes jugadores son impredecibles, la técnica aún se está formando y los golpes pueden parecer poco convencionales o incluso caóticos. Pero es precisamente esto lo que crea una plástica visual especial. Líneas quebradas, giros bruscos del cuerpo, pasos tardíos o, por el contrario, saltos demasiado tempranos hacen que las fotografías sean dinámicas y visualmente intensas. Allí donde los profesionales ejecutan movimientos afinados al milímetro, cada imagen con niños es única.


En una pista infantil los esquemas funcionan mal. Resulta difícil calcular de antemano el momento exacto, elegir la “fase correcta” del golpe y esperar durante horas. Las mejores fotografías suelen nacer entre los momentos clásicos: en las pausas, en las reacciones, en el desplazamiento hacia la pelota o justo después del intercambio. Esto exige del fotógrafo no tanto paciencia como rapidez de reacción y la capacidad de leer el juego.



El aspecto psicológico es otro punto clave. La cámara en un torneo infantil no debe convertirse en un factor de presión. Es fundamental mantenerse como observador y no como cazador de dramatismo. El deporte infantil es una historia de crecimiento, de camino recorrido y de primeros pasos, no de sensaciones a cualquier precio. Una buena fotografía es aquella a la que el niño pueda volver años después con una sonrisa y no con incomodidad.


Hay además un aspecto del que rara vez se habla en los manuales técnicos. Trabajar en torneos infantiles proporciona al fotógrafo una fuerte carga emocional. La pasión, la sinceridad, el brillo en los ojos y la fe en cada pelota reinician de forma sorprendente la percepción del deporte. Tras varios días de este tipo de trabajo, uno empieza a mirar el tenis de manera más simple y más pura, recordando por qué se enamoró del juego en primer lugar.


El tenis infantil no es una etapa preparatoria para la “verdadera” fotografía. Es un género independiente que exige atención, respeto y comprensión. Aquí es más fácil atrapar el momento, pero más difícil convertirlo en algo realmente significativo. Y precisamente en eso reside su principal valor para el fotógrafo deportivo.



Todas las fotos © Sergey Vishnevskiy

 
 
 

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